Y poco después de que Andrés Manuel López Obrador llenara el Zócalo del DF salieron a criticarlo el gobernador Enrique Peña Nieto; el coordinador del PAN en el Senado, Gustavo Madero, y el perredista Carlos Navarrete Ruiz, entre otros. Y aunque Alberto Anaya, dirigente del PT, ya lo hizo su candidato, Manuel Camacho Solís, líder del DIA, recordó que a la izquierda le falta un año para definir a su abanderado de 2012. Y en fin, hubo revuelo. Pero faltó una voz importante. Faltó Marcelo Ebrard. Ni una palabra. Fuentes en el GDF nos dicen que sí se resintió que “por primera vez López Obrador no reconociera la administración de Ebrard en su discurso”. Pero eso no explica del todo el silencio del jefe de gobierno: la política, dicen los clásicos, es el arte de la simulación. ¿Entonces por qué no ha hecho declaraciones? El último dato que tenemos de una cita de Ebrard para la portada de los diarios, es del miércoles pasado. Pronosticaba una tormenta… pero apenas lloviznó. Esto hace pensar que, o es un pésimo meteorólogo, o un político visionario: el meteoro sí se presentó. Fue tromba. Cayó el domingo en el Zócalo de la ciudad.
Hace 15 días mataron a Mario Humberto Medina, sobrino del gobernador electo de Chihuahua, César Duarte. Y ayer ejecutaron a Alberto Porras Duarte, segundo familiar directo del priísta. Hay dos tesis: que los grupos del narco quieren obligarlo a negociar, o que desgraciadamente somos testigos en su familia del país en que vivimos, y del Chihuahua que le dejará su antecesor, José Reyes Baeza, quien hace dos días pidió a los ciudadanos de su estado “cambiar ciertas rutinas; transitar por avenidas principales; tratar de resguardarse a las horas adecuadas después de culminar sus jornadas de trabajo”. Sólo le faltó recomendarles que abandonen la entidad, algo que, en los hechos, está sucediendo.
Ayer el secretario de Gobernación dijo en privado a Leonel Godoy Rangel, según el mismo gobernador de Michoacán, que habrá cambios en la lucha contra el narco. Raro. José Francisco Blake dijo desde su primer día, en las 10 o 20 entrevistas que dio a la prensa, que no hay cambio de estrategia. No, no y no, expresó. ¿Le doró la píldora a Godoy, una de las víctimas, por cierto, de la estrategia en curso?
Apunte final: Miles entraron a la versión en línea de EL UNIVERSAL para enterarse de la nueva foto y la carta del secuestrado Diego Fernández. Pero más se inclinaron por la entrevista realizada por Lilly Téllez (colaboradora regular a partir de esta entrega) en la que Lisette Farah llama traicionera a su ex amiga Amanda de la Rosa, autora de un libro sobre el caso Paulette. ¿Simple morbo, o la sensación de que el caso no se ha cerrado y que sus actores principales tienen mucho por revelar?
miércoles, 28 de julio de 2010
lunes, 26 de julio de 2010
viernes, 23 de julio de 2010
jueves, 22 de julio de 2010
PRD suicida
El PRD se suicida lentamente en la capital. Esa lectura puede darse a la nueva Ley de Desarrollo Urbano, que limita la participación ciudadana y limpia el camino a los especuladores. La capital ocupa un nicho excepcional en la transición. Mientras que en el resto del país los partidos le peleaban elecciones al PRI, una parte de los capitalinos, impedidos de votar, se entretenían urdiendo capital social en el flanco izquierdo de la geometría política. Cuando llegaron a las urnas en 1997, el PRD ganó fácilmente la jefatura de Gobierno con 48% de la voluntad popular. Desde entonces actúa como si tuviera la mayoría de votos en un comodato de 99 años. El PRD tiene una base dura, sí, pero a veces descuida a los sectores que se informan antes de acercarse a la urna. El descuido se debe a incongruencias. El gobierno capitalino tiene aspectos elogiables.
La Asamblea Legislativa ha expandido derechos poniendo a la capital en la vanguardia, el Poder Judicial ha mostrado sensibilidad frente a las transformaciones y el Ejecutivo ha permitido la participación de organizaciones de la sociedad civil en asuntos de los derechos humanos. El lunes Marcelo Ebrard acabó con la absurda opacidad en lo relacionado con la Supervía Poniente y tendremos la información en la red. Esa capacidad de corrección lo valida como un sólido aspirante a la Presidencia.
Ebrard también podría distinguirse impulsando medidas para acotar la especulación urbana. Es un tema olvidado. En lugar de ello, la nueva Ley de Desarrollo Urbano inhibe la participación ciudadana; el Artículo 41 concede al gobierno el control total sobre el "cambio de zonificación de un predio específico". En el Comité Técnico de Modificaciones a los Programas de Desarrollo Urbano, pieza clave en el proceso de Se calientan los motores para el año 2012 cuando también se renovará al jefe de Gobierno. La dirigencia perredista en la capital anda preocupada por la flacura de su caballada y por la caída en la intención del voto. En marzo de 2007 el PRD tenía 44% de intenciones de voto en el DF, y en junio de 2010 la mitad: 22% (Reforma, 26 de junio de 2010). Imposible asegurar que veremos una derrota perredista en la capital, pero la tendrá difícil porque el PAN y el PRI se preparan para intentar arrebatarle a la izquierda la joya de su abollada corona. La diputada panista Gabriela Cuevas y el PAN capitalino ya se lanzaron contra la Ley de Desarrollo Urbano, y la senadora priista María de los Ángeles Moreno atiende a los inconformes de la Supervía Poniente. Si el PAN y el PRI se alían para presentar un candidato unitario, la derrota del PRD está casi garantizada.
Por supuesto nadie sabe cuál será el impacto de la Supervía en la votación por el PRD en las delegaciones Magdalena Contreras y Álvaro Obregón o en otras partes de la capital. Por el Programa de Obras de la Supervía sabemos que planean terminar en 568 días (promesas de arquitecto). Si empiezan el 1o. de agosto, idealmente la inaugurarán el 22 de julio de 2012. Obras de esa magnitud provocan irritación, mucha irritación: ¿cuántos anularán su voto, cuántos se abstendrán y cuántos protestarán favoreciendo al PAN o el PRI?
Es paradójico lo que está pasando. Mientras el PRD presume orondo sus exitosas alianzas con el PAN, en la capital se va divorciando de algunos sectores. Por ello y por sus divisiones es que el PRD capitalino está matándose suavemente, como aquella canción de Roberta Flack de los años setenta, cuando los miembros del que sería el PRD soñaban con gobernar.
La Miscelánea
Las amenazas de más atentados con coche bomba obligan a preguntarse si atacarán la capital y qué tan bien está preparado el gobierno capitalino para la eventualidad. Regresaré sobre el tema.
La Asamblea Legislativa ha expandido derechos poniendo a la capital en la vanguardia, el Poder Judicial ha mostrado sensibilidad frente a las transformaciones y el Ejecutivo ha permitido la participación de organizaciones de la sociedad civil en asuntos de los derechos humanos. El lunes Marcelo Ebrard acabó con la absurda opacidad en lo relacionado con la Supervía Poniente y tendremos la información en la red. Esa capacidad de corrección lo valida como un sólido aspirante a la Presidencia.
Ebrard también podría distinguirse impulsando medidas para acotar la especulación urbana. Es un tema olvidado. En lugar de ello, la nueva Ley de Desarrollo Urbano inhibe la participación ciudadana; el Artículo 41 concede al gobierno el control total sobre el "cambio de zonificación de un predio específico". En el Comité Técnico de Modificaciones a los Programas de Desarrollo Urbano, pieza clave en el proceso de Se calientan los motores para el año 2012 cuando también se renovará al jefe de Gobierno. La dirigencia perredista en la capital anda preocupada por la flacura de su caballada y por la caída en la intención del voto. En marzo de 2007 el PRD tenía 44% de intenciones de voto en el DF, y en junio de 2010 la mitad: 22% (Reforma, 26 de junio de 2010). Imposible asegurar que veremos una derrota perredista en la capital, pero la tendrá difícil porque el PAN y el PRI se preparan para intentar arrebatarle a la izquierda la joya de su abollada corona. La diputada panista Gabriela Cuevas y el PAN capitalino ya se lanzaron contra la Ley de Desarrollo Urbano, y la senadora priista María de los Ángeles Moreno atiende a los inconformes de la Supervía Poniente. Si el PAN y el PRI se alían para presentar un candidato unitario, la derrota del PRD está casi garantizada.
Por supuesto nadie sabe cuál será el impacto de la Supervía en la votación por el PRD en las delegaciones Magdalena Contreras y Álvaro Obregón o en otras partes de la capital. Por el Programa de Obras de la Supervía sabemos que planean terminar en 568 días (promesas de arquitecto). Si empiezan el 1o. de agosto, idealmente la inaugurarán el 22 de julio de 2012. Obras de esa magnitud provocan irritación, mucha irritación: ¿cuántos anularán su voto, cuántos se abstendrán y cuántos protestarán favoreciendo al PAN o el PRI?
Es paradójico lo que está pasando. Mientras el PRD presume orondo sus exitosas alianzas con el PAN, en la capital se va divorciando de algunos sectores. Por ello y por sus divisiones es que el PRD capitalino está matándose suavemente, como aquella canción de Roberta Flack de los años setenta, cuando los miembros del que sería el PRD soñaban con gobernar.
La Miscelánea
Las amenazas de más atentados con coche bomba obligan a preguntarse si atacarán la capital y qué tan bien está preparado el gobierno capitalino para la eventualidad. Regresaré sobre el tema.
miércoles, 21 de julio de 2010
martes, 20 de julio de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
No a la Supervía. Sergio Aguayo Quesada.
La Supervía Poniente es un lastre para las aspiraciones presidenciales de MarceloEbrard. No ha informado o tomado en cuenta a los afectados, siembra una bomba de tiempo en los bosques del sur y, a reserva de confirmarlo, es un regalo a la empresa concesionada. El jefe de Gobierno ha mostrado un gran empeño en la línea 12 del Metro, el sistema de metrobuses y la Supervía Poniente que conectará a Santa Fe con Luis Cabrera. Las dos primeras son una continuación del espléndido esfuerzo hecho para mejorar el transporte público. La tercera es un error por tres motivos.
El primero es el método que utiliza para tratar a los afectados. El gobierno capitalino sabe cómo ser transparente e inclusivo. Lo ha demostrado con el Diagnóstico y el Programa de Derechos Humanos. La Supervía ha sido un regreso al pasado por la opacidad y la reticencia a informar y escuchar. El lunes 5 de abril por la noche citaron sorpresivamente a los vecinos inconformes de San Jerónimo a una reunión que sólo sirvió para el desahogo de frustraciones porque ni se les consultó, ni se les informó. Más bien los distrajo porque a las siete de la mañana del martes 6 de abril llegaron los funcionarios -protegidos por granaderos- a entregar las notificaciones a las casas que serían expropiadas. Ese mismo día el gobierno capitalino firmó el título de concesión con la Controladora Rápida Poetas.
San Jerónimo es un laberinto de pequeños callejones que tiene como única vía de entrada y salida la avenida Luis Cabrera. La Supervía arrojará 80 mil vehículos al día a esa avenida, lo que transformará profundamente la zona. Hoy los vecinos no saben si el flujo irá por la superficie, por un túnel o por algún puente.
Tampoco saben cómo van a conectarse con el Periférico, un endiablado problema arquitectónico. Su ignorancia es compartida: el gobierno capitalino todavía no decide cuál solución le va a dar, ¡y estamos a unos días de que inicien la construcción! En otras palabras, tomaron la decisión sin pensar en los afectados. El segundo error es el ambiental. La titular de la materia, Martha Delgado, aprobó la obra el viernes pasado aunque, eso sí, impuso 45 condicionantes adicionales a la Controladora que, entre otras cosas, entregará 50 millones de pesos para un fondo ambiental, dejará que circulen autobuses y plantará 112 mil
200 árboles. Está convencida de haber defendido el ambiente porque la Supervía estará confinada al no tener salidas entre Santa Fe y Luis Cabrera, pues consider estarán protegidos los bosques por los cuales cruzará la carretera (en particular la Barranca de Tarango y el Parque de la Loma).
Afortunadamente su credulidad no es contagiosa. El título de concesión - obtenido porque la empresa lo entregó al juez que evalúa una demanda de 350 vecinos- sí considera la posibilidad de que la Controladora y el gobierno aprueben la construcción de "tramos adicionales o derivaciones que puedan el tránsito vehicular en la zona". Si uno toma en cuenta la ilimitadacodicia de los "desarrolladores", estoy dispuesto a apostar que, pasadas las elecciones de 2012, la empresa y algún futuro gobierno nos informarán que abrirán salidas y entradas para "desarrollar" los bosques, asunto indispensable para el desarrollo de la ciudad, bla, bla, bla. Es seguro que quien presida entonces la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales anunciará con grandes sonrisas que la empresa regalará millones de árboles para que los capitalinos los sembremos y frenemos la neurosis.
Vivo desde hace 30 años en un departamento en San Jerónimo y no estoy de acuerdo con la destrucción de mi barrio, con esa vaguedad y ese menosprecio a la capacidad de discernimiento de los vecinos. También considero inaceptable la amenaza latente a los bosques del sur que nos dan 70% del agua que utilizamos. Cuando termine el estudio del título de concesión confirmaré o corregiré mi apreciación inicial de que estamos ante un regalo de los habitantes de la capital a la Controladora, éste es el tercer error. Con lo sucedido hasta ahora me parece que Marcelo Ebrard está abriendo un flanco a sus aspiraciones presidenciales porque la construcción de la Supervía y de la extensión del segundo piso coincidirán con la selección dentro del PRD y tal vez con su campaña. Como considero legítimo defender mi barrio y opinar sobre el tipo de ciudad que me uno a los vecinos que ya han dicho "No a la Supervía".
La Miscelánea
Más sobre las autoridades capitalinas. La Procuraduría capitalina y, el actual Juez 24 de lo penal, José Francisco Morales Ríos, se han empeñado en negarle un debido proceso a Sergio Dorantes, y se resisten a reconocer los peritajes que lo exculpan de asesinar a su esposa. Por fortuna tenemos en la capital una Comisión de Derechos Humanos que ha protegido la integridad de Dorantes, actualmente encarcelado en el Reclusorio Oriente.
El primero es el método que utiliza para tratar a los afectados. El gobierno capitalino sabe cómo ser transparente e inclusivo. Lo ha demostrado con el Diagnóstico y el Programa de Derechos Humanos. La Supervía ha sido un regreso al pasado por la opacidad y la reticencia a informar y escuchar. El lunes 5 de abril por la noche citaron sorpresivamente a los vecinos inconformes de San Jerónimo a una reunión que sólo sirvió para el desahogo de frustraciones porque ni se les consultó, ni se les informó. Más bien los distrajo porque a las siete de la mañana del martes 6 de abril llegaron los funcionarios -protegidos por granaderos- a entregar las notificaciones a las casas que serían expropiadas. Ese mismo día el gobierno capitalino firmó el título de concesión con la Controladora Rápida Poetas.
San Jerónimo es un laberinto de pequeños callejones que tiene como única vía de entrada y salida la avenida Luis Cabrera. La Supervía arrojará 80 mil vehículos al día a esa avenida, lo que transformará profundamente la zona. Hoy los vecinos no saben si el flujo irá por la superficie, por un túnel o por algún puente.
Tampoco saben cómo van a conectarse con el Periférico, un endiablado problema arquitectónico. Su ignorancia es compartida: el gobierno capitalino todavía no decide cuál solución le va a dar, ¡y estamos a unos días de que inicien la construcción! En otras palabras, tomaron la decisión sin pensar en los afectados. El segundo error es el ambiental. La titular de la materia, Martha Delgado, aprobó la obra el viernes pasado aunque, eso sí, impuso 45 condicionantes adicionales a la Controladora que, entre otras cosas, entregará 50 millones de pesos para un fondo ambiental, dejará que circulen autobuses y plantará 112 mil
200 árboles. Está convencida de haber defendido el ambiente porque la Supervía estará confinada al no tener salidas entre Santa Fe y Luis Cabrera, pues consider estarán protegidos los bosques por los cuales cruzará la carretera (en particular la Barranca de Tarango y el Parque de la Loma).
Afortunadamente su credulidad no es contagiosa. El título de concesión - obtenido porque la empresa lo entregó al juez que evalúa una demanda de 350 vecinos- sí considera la posibilidad de que la Controladora y el gobierno aprueben la construcción de "tramos adicionales o derivaciones que puedan el tránsito vehicular en la zona". Si uno toma en cuenta la ilimitadacodicia de los "desarrolladores", estoy dispuesto a apostar que, pasadas las elecciones de 2012, la empresa y algún futuro gobierno nos informarán que abrirán salidas y entradas para "desarrollar" los bosques, asunto indispensable para el desarrollo de la ciudad, bla, bla, bla. Es seguro que quien presida entonces la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales anunciará con grandes sonrisas que la empresa regalará millones de árboles para que los capitalinos los sembremos y frenemos la neurosis.
Vivo desde hace 30 años en un departamento en San Jerónimo y no estoy de acuerdo con la destrucción de mi barrio, con esa vaguedad y ese menosprecio a la capacidad de discernimiento de los vecinos. También considero inaceptable la amenaza latente a los bosques del sur que nos dan 70% del agua que utilizamos. Cuando termine el estudio del título de concesión confirmaré o corregiré mi apreciación inicial de que estamos ante un regalo de los habitantes de la capital a la Controladora, éste es el tercer error. Con lo sucedido hasta ahora me parece que Marcelo Ebrard está abriendo un flanco a sus aspiraciones presidenciales porque la construcción de la Supervía y de la extensión del segundo piso coincidirán con la selección dentro del PRD y tal vez con su campaña. Como considero legítimo defender mi barrio y opinar sobre el tipo de ciudad que me uno a los vecinos que ya han dicho "No a la Supervía".
La Miscelánea
Más sobre las autoridades capitalinas. La Procuraduría capitalina y, el actual Juez 24 de lo penal, José Francisco Morales Ríos, se han empeñado en negarle un debido proceso a Sergio Dorantes, y se resisten a reconocer los peritajes que lo exculpan de asesinar a su esposa. Por fortuna tenemos en la capital una Comisión de Derechos Humanos que ha protegido la integridad de Dorantes, actualmente encarcelado en el Reclusorio Oriente.
miércoles, 7 de julio de 2010
jueves, 1 de julio de 2010
miércoles, 30 de junio de 2010
lunes, 28 de junio de 2010
Crónica desde una isla de terror. Gerardo Albarrán de Alba.
Si Tamaulipas tiene dueño es, además del cártel del Golfo, el gobernador Eugenio Hernández. ¿Y qué es Tamaulipas hoy sino la humillante, dolorosa necesidad ciudadana de agachar la cabeza u ocultarla, so pena de sucumbir entre la violencia del crimen organizado y la autarquía implacable del mandatario priista? Estado-espejismo donde la vida ya no se vive, donde la insólita comodidad de la autoridad estatal sólo es equiparable a la inaudita libertad e impunidad con que actúan los narcotraficantes en el estado, Tamaulipas se apresta a la escenificación de una farsa electoral, favorecido el PRI por su mejor aliado: el miedo que impone la narcoviolencia.
VALLE HERMOSO, TAMPS., 28 de junio (Proceso).- El silencio es más hondo que una tumba. Cualquiera sabe lo que pasa, pero nadie dice nada. Pueblos enteros tomados durante días por el cártel del Golfo o por Los Zetas; casas y negocios quemados y saqueados; ataques relámpago a instalaciones policiacas o casas de seguridad; combates que duran toda la noche y matanzas a plena luz del día que no dejan otra huella que muros y vehículos acribillados, sangre en las aceras, porque las víctimas más tardan en morir que en desaparecer sus cadáveres; amenazas por doquier contra quienes no se conforman a la primera; secuestros, asaltos y cobro de cuotas a quien se deje, y todos se dejan para llegar a mañana como se pueda. La vida controlada en las comunidades disputadas mediante retenes y volantas en las calles y avenidas principales, lo mismo si rondan el medio millón de habitantes, como Reynosa y Matamoros, que si no llegan a 5 mil, como Burgos.
Que no, que aquí no pasa nada, son hechos aislados, corean el gobernador y la mayoría de los presidentes municipales, al costo de sembrar sospechas sobre ellos mismos. La gente ejerce el derecho de réplica en internet. Los llamados de auxilio se acumulan, se prodigan los reproches. La impunidad indigna. Los testimonios saben a congoja. Es el desamparo.
El convoy de más de 100 camionetas rotuladas CDG (Cártel del Golfo) y X M3 (Metro 3) llegó temprano a Valle Hermoso el miércoles 24 de febrero. El pueblo estuvo ocupado durante tres días de enfrentamientos a toda hora. Nomás chillaban los coches por las corretizas que pegaban. Nadie nos auxilió, ni el Ejército vino por más que lo llamaron. Hubo como 60 muertos. La historia se repitió el 6 de junio. Se fueron derecho a la preventiva y otros a la ministerial. Fue una matazón. Se llevaron a varios policías. Las entradas y salidas fueron bloqueadas, luego de varios días de rumores y tensión.
La violencia en el estado arreció a partir del primer asalto a Valle Hermoso, el mismo día en que una juez en Houston, Texas, sentenció a Osiel Cárdenas a un cuarto de siglo de prisión. Al día siguiente, en Ciudad Victoria se vaciaron las escuelas y las calles por los rumores de balaceras. El 11 de marzo lanzaron granadas y acribillaron las oficinas de la Policía Ministerial del Estado y de la Policía Preventiva. Hace apenas tres semanas, el 11 de junio, militares mataron a dos personas frente a la casa del procurador de Justicia, aunque la primera versión que se esparció por las calles es que el crimen ocurrió dentro.
Ni el gobierno se salva. Son varios los alcaldes abofeteados por los narcos, los altos funcionarios estatales despojados de sus aparatosos vehículos, los empleados federales impedidos de cumplir sus tareas. Ellos cobran la luz, el predial, el agua; se convirtieron en proveedores de servicios públicos. El gobierno del estado y los municipios sólo administran el desastre y trabajan con lo que les dejan, mientras se cuidan la espalda. ¿Ya notaron que el gobernador mandó pintar todas las unidades? Ahora son blancas, con logos grandes del gobierno del estado en el techo, para que no los confundan. Sólo así pueden salir a carretera seguros sin que los tiroteen desde los helicópteros de La Maña.
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La cotidianidad se mide en los calibres empleados y las granadas detonadas, el número de bajas, las horas de terror. Ser testigo da para meses de episodios que se adaptan al interlocutor en turno, siempre en el círculo más cercano, porque entre desconocidos no se pasa de una charla incidental. Con la prensa amordazada, policías coludidas o sometidas, y autoridades políticas indolentes o en plena fuga, el rumor alcanza la categoría de leyenda urbana. Si algo llega a salvar la censura, las versiones oficiales minimizan todo y los periódicos y noticiarios locales se avienen.
Nadie sabe cuándo le va a tocar, pero todos entienden que será un día de estos, mientras llevan a los hijos a la escuela o hacen las compras de la semana o se aventuran por caminos y veredas para cualquier diligencia ineludible. El imaginario se debate entre las ganas de creer que se puede seguir como si nada y el rezo interno porque no sea hoy, porque no sea a mí ni a los míos.
Desfigurada la normalidad, el miedo llena los vacíos y apela al sentido común como manual de sobrevivencia. Ver y callar, o mejor no ver para no tener que decir nada. La violencia no deja espacio para el autoengaño; la cantidad de historias es abrumadora: Nuevo Laredo, Nueva Ciudad Guerrero, Mier, Camargo, Comales, Díaz Ordaz, Reynosa, Río Bravo, Matamoros, Ciudad Valle Hermoso, San Fernando, Soto la Marina, Mante, González, Altamira, Ciudad Madero, Tampico y la capital, Ciudad Victoria, registran más de medio centenar de choques y masacres en los últimos seis meses. Son los que se notan. Aquí la muerte no toma asueto.
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Imposible mimetizarse en cualquiera de estos pueblos, donde todos se conocen. Nadie que sea un extraño lo puede disimular, y menos aquí, entre paredes tres veces descascaradas a balazos y el asesinato del que muy probablemente habría sido el siguiente alcalde de Valle Hermoso, una tras otra entre febrero y junio. El visitante despierta a su paso una mezcla de curiosidad y sentido de alerta entre los lugareños que lo estudian de soslayo.
Las personas comunes no resisten alusión a la tragedia, menos una pregunta directa. Desvían la mirada y bajan la voz para cambiar de tema. Con suerte, después de un rato de nimiedades, la desconfianza en el forastero se agrieta y las historias fluyen como catarsis, pero sin nombres; fechas y lugares, apenas aproximados. Nada que identifique a las víctimas ni a quien ha dejado de ser prudente en un momento de desahogo.
En Ciudad Victoria, funcionarios públicos, políticos, académicos, periodistas o personajes notables se cuidan de cualquier postura comprometedora y recurren a los eufemismos: los enfrentamientos, los atentados, los secuestros, los asesinatos, la barbarie toda se llama evento; los narcos y sus sicarios son La Gente, La Maña, Las Comadres de Gloria, Los de la Letra. Para el Ejército son simples agresores.
La prensa es una parodia de sí misma. Primeras planas llenas de gacetillas, interiores rellenados con boletines. La página policiaca se atiene a los accidentes de tránsito; en otras condiciones, nadie sabría lo mal que se maneja en Tamaulipas. Radio y televisión son inocuas. Si ya la corrupción era consustancial al periodismo local, la guerra de los cárteles dividió lealtades. Algunos pagaron el precio: ocho reporteros fueron secuestrados el 8 de marzo; cinco de ellos aún no aparecen. Ahora todos están bajo la misma amenaza: plata o plomo. ¿Servir a unos o a otros? Mejor nadar de muertito, bendita sea la grilla local que permite reportear otras cosas. La Gente tiene sus voceros, reporteros que trabajan para ellos. Te llaman a la redacción; te dicen esto sí, esto no. Los narcos son los verdaderos editores de los periódicos, los jefes de información de los noticieros. A veces no nos tienen que hablar, ya sabemos de qué o de quiénes no tenemos que publicar nada. Hay listas, pero no alcanza. El problema es que no sabes realmente con quién estás hablando, sobre quién estás escribiendo. Vives con miedo a equivocarte.
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Los narcos presumen que son los buenos, lo malo es que no se sabe cuáles. La guerra entre El cártel del Golfo y Los Zetas no se limita al control de las plazas, va por las conciencias de quienes preferirían subordinárseles a cambio de recuperar un poco de paz. Emiten boletines de prensa para limpiar su imagen y denostar a sus enemigos; ejercen la censura previa en los medios y tiran línea a conveniencia; distribuyen volantes casa por casa y esparcen rumores en las redes sociales. La propaganda arraiga percepciones.
Una mujer arrastra la tristeza por la carretera. ¿Qué hace por aquí solita? ¿No sabe que es peligroso?, le preguntan los narcos desde su camioneta rotulada CDG o Z-40, da lo mismo. Llorosa, explica que le acaban de robar su auto y la abandonaron ahí. Súbase, le dicen. El carro era viejo, pero era todo lo que tenía. Es maestra, gana una miseria. Se conduelen. Le abren una maleta repleta de dólares. Métale la mano, agarre lo que quiera, la invitan. Tome más, todo lo que pueda, y cuente lo que aquí pasó. La historia tiene media docena de versiones, según la facción a la que favorece. En una, son dos mujeres jóvenes a las que ayudan a recuperar su troca y matan a los rateros. En todas, los narcos hacen justicia a los pobres.
Hasta la extorsión tiene una cara benevolente. Los narcos controlan toda la economía informal de las plazas que dominan intermitentemente, ora unos, ora los otros. Igual antes tenían que pagar mordidas al policía, al inspector. La Maña hizo una simplificación administrativa: Desde hoy sólo me pagan a mí, y yo me encargo de lo demás. Ningún funcionario vuelve a molestarlos.
Las costumbres se han perdido en Tamaulipas. Los paseos se limitan; las reuniones, mejor en casa. Se come en restaurantes por negocios. Se maneja con el radio apagado para escuchar a tiempo cualquier balacera. Se viste diferente: ni botas ni cinturón de hebilla ancha ni sombrero. Nada que asemeje al estereotipo del narco. Las camionetas y deportivos nuevos y más caros se quedan en las cocheras y se adquieren carritos modestos para el uso diario.
Los negocios cierran temprano, incluso en ciudades donde la violencia aún no es endémica. Si el bullicio del centro de la capital del estado se apaga a las nueve de la noche, en los pueblos la puesta de sol marca el toque de queda. La gente se guarda en su casa a veces más temprano. Algunas comunidades de la frontera chica no se han vaciado sólo porque se quedaron los que no pueden irse del otro lado del Río Bravo o a ninguna otra parte.
Trasladarse de un punto a otro del estado es un volado que nadie quiere perder. En los retenes militares las preguntas de rutina son pocas: ¿De dónde viene? De Victoria ¿A dónde va? A Valle Hermoso ¿Es de Tamaulipas? Sí, señor. ¿A qué se dedica? Soy profesor. Las respuestas y el tono adecuados reciben un lacónico “Pásele”. Viajar en un sedán polvoso ayuda.
Los bloqueos de los narcos son más rudos. No paran a todos, nomás a los que les parecen raros. Placa de otro estado equivale a semáforo rojo. Moverse en una suburban o una cuatro por cuatro es invocar la desgracia. Más vale convencerlos de que no representas ninguna amenaza, aunque cada vez es más difícil. La guerra tiene nuevos actores. La respuesta de Los Zetas a la alianza entre el cártel del Golfo, el cártel de Sinaloa y La Familia michoacana ha sido reclutar maras salvatruchas. Los refuerzos vienen de Honduras o El Salvador. Son jóvenes, todos tatuados. Se va a poner peor. La sociedad está a dos fuegos y lucha por su vida sin armas. Pero hay quienes están pasando a otra fase y construyen pequeños ejércitos privados. Quienes tienen con qué, ya lo están haciendo. Conozco a un empresario de Tampico que contrató a una docena de mercenarios israelíes. Estamos a un tris de que esta guerra delimitada entre cárteles se convierta en una guerra civil, todos contra todos.
VALLE HERMOSO, TAMPS., 28 de junio (Proceso).- El silencio es más hondo que una tumba. Cualquiera sabe lo que pasa, pero nadie dice nada. Pueblos enteros tomados durante días por el cártel del Golfo o por Los Zetas; casas y negocios quemados y saqueados; ataques relámpago a instalaciones policiacas o casas de seguridad; combates que duran toda la noche y matanzas a plena luz del día que no dejan otra huella que muros y vehículos acribillados, sangre en las aceras, porque las víctimas más tardan en morir que en desaparecer sus cadáveres; amenazas por doquier contra quienes no se conforman a la primera; secuestros, asaltos y cobro de cuotas a quien se deje, y todos se dejan para llegar a mañana como se pueda. La vida controlada en las comunidades disputadas mediante retenes y volantas en las calles y avenidas principales, lo mismo si rondan el medio millón de habitantes, como Reynosa y Matamoros, que si no llegan a 5 mil, como Burgos.
Que no, que aquí no pasa nada, son hechos aislados, corean el gobernador y la mayoría de los presidentes municipales, al costo de sembrar sospechas sobre ellos mismos. La gente ejerce el derecho de réplica en internet. Los llamados de auxilio se acumulan, se prodigan los reproches. La impunidad indigna. Los testimonios saben a congoja. Es el desamparo.
El convoy de más de 100 camionetas rotuladas CDG (Cártel del Golfo) y X M3 (Metro 3) llegó temprano a Valle Hermoso el miércoles 24 de febrero. El pueblo estuvo ocupado durante tres días de enfrentamientos a toda hora. Nomás chillaban los coches por las corretizas que pegaban. Nadie nos auxilió, ni el Ejército vino por más que lo llamaron. Hubo como 60 muertos. La historia se repitió el 6 de junio. Se fueron derecho a la preventiva y otros a la ministerial. Fue una matazón. Se llevaron a varios policías. Las entradas y salidas fueron bloqueadas, luego de varios días de rumores y tensión.
La violencia en el estado arreció a partir del primer asalto a Valle Hermoso, el mismo día en que una juez en Houston, Texas, sentenció a Osiel Cárdenas a un cuarto de siglo de prisión. Al día siguiente, en Ciudad Victoria se vaciaron las escuelas y las calles por los rumores de balaceras. El 11 de marzo lanzaron granadas y acribillaron las oficinas de la Policía Ministerial del Estado y de la Policía Preventiva. Hace apenas tres semanas, el 11 de junio, militares mataron a dos personas frente a la casa del procurador de Justicia, aunque la primera versión que se esparció por las calles es que el crimen ocurrió dentro.
Ni el gobierno se salva. Son varios los alcaldes abofeteados por los narcos, los altos funcionarios estatales despojados de sus aparatosos vehículos, los empleados federales impedidos de cumplir sus tareas. Ellos cobran la luz, el predial, el agua; se convirtieron en proveedores de servicios públicos. El gobierno del estado y los municipios sólo administran el desastre y trabajan con lo que les dejan, mientras se cuidan la espalda. ¿Ya notaron que el gobernador mandó pintar todas las unidades? Ahora son blancas, con logos grandes del gobierno del estado en el techo, para que no los confundan. Sólo así pueden salir a carretera seguros sin que los tiroteen desde los helicópteros de La Maña.
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La cotidianidad se mide en los calibres empleados y las granadas detonadas, el número de bajas, las horas de terror. Ser testigo da para meses de episodios que se adaptan al interlocutor en turno, siempre en el círculo más cercano, porque entre desconocidos no se pasa de una charla incidental. Con la prensa amordazada, policías coludidas o sometidas, y autoridades políticas indolentes o en plena fuga, el rumor alcanza la categoría de leyenda urbana. Si algo llega a salvar la censura, las versiones oficiales minimizan todo y los periódicos y noticiarios locales se avienen.
Nadie sabe cuándo le va a tocar, pero todos entienden que será un día de estos, mientras llevan a los hijos a la escuela o hacen las compras de la semana o se aventuran por caminos y veredas para cualquier diligencia ineludible. El imaginario se debate entre las ganas de creer que se puede seguir como si nada y el rezo interno porque no sea hoy, porque no sea a mí ni a los míos.
Desfigurada la normalidad, el miedo llena los vacíos y apela al sentido común como manual de sobrevivencia. Ver y callar, o mejor no ver para no tener que decir nada. La violencia no deja espacio para el autoengaño; la cantidad de historias es abrumadora: Nuevo Laredo, Nueva Ciudad Guerrero, Mier, Camargo, Comales, Díaz Ordaz, Reynosa, Río Bravo, Matamoros, Ciudad Valle Hermoso, San Fernando, Soto la Marina, Mante, González, Altamira, Ciudad Madero, Tampico y la capital, Ciudad Victoria, registran más de medio centenar de choques y masacres en los últimos seis meses. Son los que se notan. Aquí la muerte no toma asueto.
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Imposible mimetizarse en cualquiera de estos pueblos, donde todos se conocen. Nadie que sea un extraño lo puede disimular, y menos aquí, entre paredes tres veces descascaradas a balazos y el asesinato del que muy probablemente habría sido el siguiente alcalde de Valle Hermoso, una tras otra entre febrero y junio. El visitante despierta a su paso una mezcla de curiosidad y sentido de alerta entre los lugareños que lo estudian de soslayo.
Las personas comunes no resisten alusión a la tragedia, menos una pregunta directa. Desvían la mirada y bajan la voz para cambiar de tema. Con suerte, después de un rato de nimiedades, la desconfianza en el forastero se agrieta y las historias fluyen como catarsis, pero sin nombres; fechas y lugares, apenas aproximados. Nada que identifique a las víctimas ni a quien ha dejado de ser prudente en un momento de desahogo.
En Ciudad Victoria, funcionarios públicos, políticos, académicos, periodistas o personajes notables se cuidan de cualquier postura comprometedora y recurren a los eufemismos: los enfrentamientos, los atentados, los secuestros, los asesinatos, la barbarie toda se llama evento; los narcos y sus sicarios son La Gente, La Maña, Las Comadres de Gloria, Los de la Letra. Para el Ejército son simples agresores.
La prensa es una parodia de sí misma. Primeras planas llenas de gacetillas, interiores rellenados con boletines. La página policiaca se atiene a los accidentes de tránsito; en otras condiciones, nadie sabría lo mal que se maneja en Tamaulipas. Radio y televisión son inocuas. Si ya la corrupción era consustancial al periodismo local, la guerra de los cárteles dividió lealtades. Algunos pagaron el precio: ocho reporteros fueron secuestrados el 8 de marzo; cinco de ellos aún no aparecen. Ahora todos están bajo la misma amenaza: plata o plomo. ¿Servir a unos o a otros? Mejor nadar de muertito, bendita sea la grilla local que permite reportear otras cosas. La Gente tiene sus voceros, reporteros que trabajan para ellos. Te llaman a la redacción; te dicen esto sí, esto no. Los narcos son los verdaderos editores de los periódicos, los jefes de información de los noticieros. A veces no nos tienen que hablar, ya sabemos de qué o de quiénes no tenemos que publicar nada. Hay listas, pero no alcanza. El problema es que no sabes realmente con quién estás hablando, sobre quién estás escribiendo. Vives con miedo a equivocarte.
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Los narcos presumen que son los buenos, lo malo es que no se sabe cuáles. La guerra entre El cártel del Golfo y Los Zetas no se limita al control de las plazas, va por las conciencias de quienes preferirían subordinárseles a cambio de recuperar un poco de paz. Emiten boletines de prensa para limpiar su imagen y denostar a sus enemigos; ejercen la censura previa en los medios y tiran línea a conveniencia; distribuyen volantes casa por casa y esparcen rumores en las redes sociales. La propaganda arraiga percepciones.
Una mujer arrastra la tristeza por la carretera. ¿Qué hace por aquí solita? ¿No sabe que es peligroso?, le preguntan los narcos desde su camioneta rotulada CDG o Z-40, da lo mismo. Llorosa, explica que le acaban de robar su auto y la abandonaron ahí. Súbase, le dicen. El carro era viejo, pero era todo lo que tenía. Es maestra, gana una miseria. Se conduelen. Le abren una maleta repleta de dólares. Métale la mano, agarre lo que quiera, la invitan. Tome más, todo lo que pueda, y cuente lo que aquí pasó. La historia tiene media docena de versiones, según la facción a la que favorece. En una, son dos mujeres jóvenes a las que ayudan a recuperar su troca y matan a los rateros. En todas, los narcos hacen justicia a los pobres.
Hasta la extorsión tiene una cara benevolente. Los narcos controlan toda la economía informal de las plazas que dominan intermitentemente, ora unos, ora los otros. Igual antes tenían que pagar mordidas al policía, al inspector. La Maña hizo una simplificación administrativa: Desde hoy sólo me pagan a mí, y yo me encargo de lo demás. Ningún funcionario vuelve a molestarlos.
Las costumbres se han perdido en Tamaulipas. Los paseos se limitan; las reuniones, mejor en casa. Se come en restaurantes por negocios. Se maneja con el radio apagado para escuchar a tiempo cualquier balacera. Se viste diferente: ni botas ni cinturón de hebilla ancha ni sombrero. Nada que asemeje al estereotipo del narco. Las camionetas y deportivos nuevos y más caros se quedan en las cocheras y se adquieren carritos modestos para el uso diario.
Los negocios cierran temprano, incluso en ciudades donde la violencia aún no es endémica. Si el bullicio del centro de la capital del estado se apaga a las nueve de la noche, en los pueblos la puesta de sol marca el toque de queda. La gente se guarda en su casa a veces más temprano. Algunas comunidades de la frontera chica no se han vaciado sólo porque se quedaron los que no pueden irse del otro lado del Río Bravo o a ninguna otra parte.
Trasladarse de un punto a otro del estado es un volado que nadie quiere perder. En los retenes militares las preguntas de rutina son pocas: ¿De dónde viene? De Victoria ¿A dónde va? A Valle Hermoso ¿Es de Tamaulipas? Sí, señor. ¿A qué se dedica? Soy profesor. Las respuestas y el tono adecuados reciben un lacónico “Pásele”. Viajar en un sedán polvoso ayuda.
Los bloqueos de los narcos son más rudos. No paran a todos, nomás a los que les parecen raros. Placa de otro estado equivale a semáforo rojo. Moverse en una suburban o una cuatro por cuatro es invocar la desgracia. Más vale convencerlos de que no representas ninguna amenaza, aunque cada vez es más difícil. La guerra tiene nuevos actores. La respuesta de Los Zetas a la alianza entre el cártel del Golfo, el cártel de Sinaloa y La Familia michoacana ha sido reclutar maras salvatruchas. Los refuerzos vienen de Honduras o El Salvador. Son jóvenes, todos tatuados. Se va a poner peor. La sociedad está a dos fuegos y lucha por su vida sin armas. Pero hay quienes están pasando a otra fase y construyen pequeños ejércitos privados. Quienes tienen con qué, ya lo están haciendo. Conozco a un empresario de Tampico que contrató a una docena de mercenarios israelíes. Estamos a un tris de que esta guerra delimitada entre cárteles se convierta en una guerra civil, todos contra todos.
jueves, 24 de junio de 2010
¡Mexicanos pecho a tierra!
David Aponte. Periodista, Jefe de Información de W Radio.
La violencia del crimen organizado, la cultura del narcotráfico, la psicosis de los operativos, las persecuciones de los sicarios, se han metido a las aulas de México. Desde hace algunos años, los mexicanos hemos visto imágenes de niños que son levantados en vilo para sacarlos de una zona de riesgo, a padres de familia asustados que se arremolinan en las entradas de las escuelas para recoger a sus hijos, a maestras que cargan pequeños y se resguardan contra las paredes de las calles, patios escolares vacíos por el ausentismo de quienes tienen miedo de toparse con los criminales.
Las fotos galerías del pánico en las instituciones educativas recorren distintas zonas del país: los estados del Norte, el Bajío, el Pacífico. Ahora somos testigos de la existencia de protocolos de seguridad para los estudiantes, de gobiernos que ceden al miedo y por decreto adelantan el cierre del calendario escolar, autoridades que adelantan las vacaciones de verano para que los niños se queden seguros en sus casas. Es la política del miedo y de la impotencia ante una de las responsabilidades de las autoridades: garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Tijuana, Baja California, nos dio las primeras imágenes de niños que corrían entre agentes federales, locales y militares que empuñaban rifles de alto poder. Los escolapios huyen con sus manos en los oídos. Los agentes toman a los menores y los sacan de la zona de peligro; en una mano llevan el fusil y en otra a los pequeños. “Más de tres horas duró el fuego cruzado entre sicarios del cártel de los Arellano Félix y efectivos policíacos y militares, con saldo de un presunto delincuente muerto, cuatro detenidos y cuatro agentes heridos; en el operativo decomisaron un arsenal. En la casa donde los criminales se encontraban se hallaron seis personas ejecutadas. En medio de las balas desalojaron un kínder”, resume en enero de 2008 la portada de un diario editado en la ciudad de México.
Ciudad Juárez, Chihuahua, nos ofreció una nueva estampa del terror en octubre de 2009: una escuela de los suburbios se ha convertido en una suerte de orfanato. Decenas de niños han perdido a sus padres en medio de la guerra contra el narcotráfico, en medio de las sangrientas disputas de los cárteles de la droga, de los ajustes entre las bandas del crimen organizado. Otros chicos del mismo colegio juegan a ser sicarios; llevan pistolas de plástico y someten a sus compañeros de clase. Las autoridades escolares se asustan, pero no dicen nada. Los maestros son objeto de extorsiones y tienen miedo.
Tepic, Nayarit, nos aportó en junio 2010 un nuevo elemento del miedo de las autoridades ante el avance de los grupos criminales. El gobernador priísta Ney González decretó el fin del ciclo escolar con tres semanas de anticipación frente a los hechos de violencia que se han registrado en el estado. La Secretaría de Educación Pública federal se opuso, quizá como una manera de no ceder la plaza ante las amenazas del crimen organizado, pero el mandatario estatal no dio un paso atrás. La medida se tomó frente a la “psicosis y pánico que se originó (el fin de semana pasado) en la entidad”, argumentó Olga Margarita Uriarte Rico, secretaría de Educación Pública estatal.
Monterrey, Nuevo León, cerró una parte del círculo en junio de 2010 con la confección de un Manual y Protocolo de Seguridad Escolar, que contiene medidas de protección civil en caso de accidentes, incendios, fugas de gas, amenazas de bomba, contingencias meteorológicas disturbios y despliegues de las fuerzas de seguridad. Por primera vez, las autoridades locales ofrecieron a los profesores una serie de recomendaciones, acciones preventivas en caso de un escenario de violencia del crimen organizado:
“Al escuchar detonaciones en el perímetro escolar, el maestro de inmediato ordenará asumir la posición de agazapado o pecho a tierra para todos los alumnos. Aquellos niños con capacidades diferentes serán ayudados de inmediato por el maestro o los compañeros más próximos. En todo momento el maestro calmará a los alumnos para que no entren en pánico. En ningún momento se permitirá la salida del salón hasta el arribo de una autoridad o el directivo lo indique. Evitar que por la curiosidad de los niños se asomen a las ventanas. Si existen padres de familia, ingresarlos al área más cercana a los alumnos. Evitar contacto visual con los agresores. Evitar tomar video o fotografías (si la persona es vista haciendo esta acción puede provocar a los delincuentes)”.
Las fotografías de los últimos años nos dejan ver una terrible realidad: la convivencia con una nueva cultura impuesta por el crimen organizado, en un país donde los niños y los adultos tenemos que tirarnos pecho a tierra para salvar algo del pedazo de México que nos queda.
Las fotos galerías del pánico en las instituciones educativas recorren distintas zonas del país: los estados del Norte, el Bajío, el Pacífico. Ahora somos testigos de la existencia de protocolos de seguridad para los estudiantes, de gobiernos que ceden al miedo y por decreto adelantan el cierre del calendario escolar, autoridades que adelantan las vacaciones de verano para que los niños se queden seguros en sus casas. Es la política del miedo y de la impotencia ante una de las responsabilidades de las autoridades: garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Tijuana, Baja California, nos dio las primeras imágenes de niños que corrían entre agentes federales, locales y militares que empuñaban rifles de alto poder. Los escolapios huyen con sus manos en los oídos. Los agentes toman a los menores y los sacan de la zona de peligro; en una mano llevan el fusil y en otra a los pequeños. “Más de tres horas duró el fuego cruzado entre sicarios del cártel de los Arellano Félix y efectivos policíacos y militares, con saldo de un presunto delincuente muerto, cuatro detenidos y cuatro agentes heridos; en el operativo decomisaron un arsenal. En la casa donde los criminales se encontraban se hallaron seis personas ejecutadas. En medio de las balas desalojaron un kínder”, resume en enero de 2008 la portada de un diario editado en la ciudad de México.
Ciudad Juárez, Chihuahua, nos ofreció una nueva estampa del terror en octubre de 2009: una escuela de los suburbios se ha convertido en una suerte de orfanato. Decenas de niños han perdido a sus padres en medio de la guerra contra el narcotráfico, en medio de las sangrientas disputas de los cárteles de la droga, de los ajustes entre las bandas del crimen organizado. Otros chicos del mismo colegio juegan a ser sicarios; llevan pistolas de plástico y someten a sus compañeros de clase. Las autoridades escolares se asustan, pero no dicen nada. Los maestros son objeto de extorsiones y tienen miedo.
Tepic, Nayarit, nos aportó en junio 2010 un nuevo elemento del miedo de las autoridades ante el avance de los grupos criminales. El gobernador priísta Ney González decretó el fin del ciclo escolar con tres semanas de anticipación frente a los hechos de violencia que se han registrado en el estado. La Secretaría de Educación Pública federal se opuso, quizá como una manera de no ceder la plaza ante las amenazas del crimen organizado, pero el mandatario estatal no dio un paso atrás. La medida se tomó frente a la “psicosis y pánico que se originó (el fin de semana pasado) en la entidad”, argumentó Olga Margarita Uriarte Rico, secretaría de Educación Pública estatal.
Monterrey, Nuevo León, cerró una parte del círculo en junio de 2010 con la confección de un Manual y Protocolo de Seguridad Escolar, que contiene medidas de protección civil en caso de accidentes, incendios, fugas de gas, amenazas de bomba, contingencias meteorológicas disturbios y despliegues de las fuerzas de seguridad. Por primera vez, las autoridades locales ofrecieron a los profesores una serie de recomendaciones, acciones preventivas en caso de un escenario de violencia del crimen organizado:
“Al escuchar detonaciones en el perímetro escolar, el maestro de inmediato ordenará asumir la posición de agazapado o pecho a tierra para todos los alumnos. Aquellos niños con capacidades diferentes serán ayudados de inmediato por el maestro o los compañeros más próximos. En todo momento el maestro calmará a los alumnos para que no entren en pánico. En ningún momento se permitirá la salida del salón hasta el arribo de una autoridad o el directivo lo indique. Evitar que por la curiosidad de los niños se asomen a las ventanas. Si existen padres de familia, ingresarlos al área más cercana a los alumnos. Evitar contacto visual con los agresores. Evitar tomar video o fotografías (si la persona es vista haciendo esta acción puede provocar a los delincuentes)”.
Las fotografías de los últimos años nos dejan ver una terrible realidad: la convivencia con una nueva cultura impuesta por el crimen organizado, en un país donde los niños y los adultos tenemos que tirarnos pecho a tierra para salvar algo del pedazo de México que nos queda.
Los gobernantes Sergio aguayo.
Cuando deseamos defender causas justas nos topamos siempre con algún gobernante o funcionario. ¿Cómo detectarlos?, ¿cómo dialogar con los que están dispuestos a pensar en el bien común y en la justicia? Comparto algunas reflexiones fruto de la observación y, en ocasiones, de la participación.
En todos los niveles hay gobernantes dispuestos, por los motivos que sea, a respaldar políticas que beneficien a las mayorías. La reforma de 1977 se debe en mucho a Jesús Reyes Heroles y la de 1996 a Ernesto Zedillo. La acción de constitucionalidad contra la Ley Televisa la encabezaron los senadores Javier Corral (PAN) y Manuel Bartlett (PRI). Las recientes reformas a la Constitución, que permiten las acciones colectivas, se lograron por los discretos empeños de Blanca Heredia, una funcionaria de la Secretaría de Gobernación. Si unos vecinos de Jiutepec estamos logrando frenar el desarrollo depredador es también por la disposición del presidente municipal de Jiutepec, Miguel Ángel Rabadán. ¿Cómo detectar a los funcionarios en el hoy y el ahora si todos hablan y actúan más o menos igual? Si pudiéramos entrar en su mente veríamos que está amueblada con valores autoritarios y que una de sus creencias más arraigadas es que los cargos y los presupuestos les pertenecen a ellos o a los suyos. En consecuencia se sienten muy incómodos cuando se les solicitan explicaciones o se exigen decisiones. Recelan e imputan maniobras turbias a los peticionarios a quienes intentan ignorar y descalificar con frases como: "¿y éste que se cree?" o "a estos me los manda el cabrón de...". En raras ocasiones reconocen que los ciudadanos a veces sí tenemos la razón.
¿Cómo romper ese blindaje? En parte depende de la manera de acercarnos a ellos. Si los inquietos e inconformes quieren iniciar una relación fructífera es poco recomendable tildarlos de "ineptos", "corruptos" o "ilegítimos". Debe frenarse el impulso tan arraigado de cuestionar automáticamente la autoridad de quien ocupa un cargo. Nos guste o no tienen una cierta legitimidad y es importante hacerles sentir que no se les quiere quitar el cargo o destruirles la carrera. Tampoco es aconsejable mostrarse tímido cuando se reivindica lo que uno considera justo ni debe uno renunciar a las protestas, las demandas legales, las denuncias públicas. Se trata de empujar sin romper, es un trabajo de filigrana y sutileza equivalente a lo que debe hacer un maestro rural, ateo y enamorado que sólo quiere casarse por lo civil con una doncella tradicional en pueblo cristero. Los más proclives a tomar en cuenta a la ciudadanía son los funcionarios ambiciosos inseguros y los ilustrados dubitativos. Los primeros son aquellos con anhelos y sin base propia de poder. Es el alcalde que quiere brincar a diputado local, el senador que sueña con la gubernatura y la turba de aspirantes a la presidencia de la República. Al depender más del voto y de la buena prensa piensan (con razón) que sus posibilidades mejoran si son sensibles a las peticiones de la ciudadanía.
Los ilustrados dubitativos serían aquellos activistas o académicos que saltan a la política. Ellos se han movido por principios y traen conocimientos especializados que los hacen poner distancia frente a la corrupción de la política mexicana. Al tener conciencia de la historia sí les importa cómo aparecerán en ella y escuchan y atienden, hasta donde pueden, los deseos de la sociedad. Jorge Carpizo y Mariclaire Acosta serían dos ejemplos de funcionarios quienes fueron, contribuyeron y regresaron.
El peor escenario es tener que negociar con los que viven instalados en el cinismo; a esos les importa muy poco la opinión de la ciudadanía. Algunos, como Ulises Ruiz y Fidel Herrera parecieran haber nacido ahí. Otros vivieron la metamorfosis de quienes fueron incapaces de resistir la seducción del presupuesto y el cargo. En el PAN unos casos paradigmáticos serían Vicente Fox y Juan Molinar Horcasitas, en la izquierda René Bejarano y "Juanito". Esta metamorfosis también la viven las instituciones. La última que dio ese paso fue la Suprema Corte con su exquisita interpretación de las leyes a la hora de decidir sobre la Guardería ABC. Se apegaran a su legalidad pero al ignorar el razonable reclamo de las víctimas confirmaron su insensibilidad y ceguera ante quienes deseamos un poco de justicia que en este caso era simbólica. El colapso ético de las instituciones es una pésima noticia porque nos deja indefensos y en ese hueco deslumbra la congruencia de Carlos Monsiváis, quien se convierte en paradigma de la moralidad frente a los asuntos públicos. Así es la vida en México. Los que deseamos refundar la democracia debemos entender que no basta con tener la razón. Nos la tienen que dar y para eso hay que relacionarse con quienes tienen jerarquía y poder de decisión. No es fácil para ellos o nosotros porque, después de todo, estamos construyendo una casa común sin saber bien a bien cómo hacerlo.
En todos los niveles hay gobernantes dispuestos, por los motivos que sea, a respaldar políticas que beneficien a las mayorías. La reforma de 1977 se debe en mucho a Jesús Reyes Heroles y la de 1996 a Ernesto Zedillo. La acción de constitucionalidad contra la Ley Televisa la encabezaron los senadores Javier Corral (PAN) y Manuel Bartlett (PRI). Las recientes reformas a la Constitución, que permiten las acciones colectivas, se lograron por los discretos empeños de Blanca Heredia, una funcionaria de la Secretaría de Gobernación. Si unos vecinos de Jiutepec estamos logrando frenar el desarrollo depredador es también por la disposición del presidente municipal de Jiutepec, Miguel Ángel Rabadán. ¿Cómo detectar a los funcionarios en el hoy y el ahora si todos hablan y actúan más o menos igual? Si pudiéramos entrar en su mente veríamos que está amueblada con valores autoritarios y que una de sus creencias más arraigadas es que los cargos y los presupuestos les pertenecen a ellos o a los suyos. En consecuencia se sienten muy incómodos cuando se les solicitan explicaciones o se exigen decisiones. Recelan e imputan maniobras turbias a los peticionarios a quienes intentan ignorar y descalificar con frases como: "¿y éste que se cree?" o "a estos me los manda el cabrón de...". En raras ocasiones reconocen que los ciudadanos a veces sí tenemos la razón.
¿Cómo romper ese blindaje? En parte depende de la manera de acercarnos a ellos. Si los inquietos e inconformes quieren iniciar una relación fructífera es poco recomendable tildarlos de "ineptos", "corruptos" o "ilegítimos". Debe frenarse el impulso tan arraigado de cuestionar automáticamente la autoridad de quien ocupa un cargo. Nos guste o no tienen una cierta legitimidad y es importante hacerles sentir que no se les quiere quitar el cargo o destruirles la carrera. Tampoco es aconsejable mostrarse tímido cuando se reivindica lo que uno considera justo ni debe uno renunciar a las protestas, las demandas legales, las denuncias públicas. Se trata de empujar sin romper, es un trabajo de filigrana y sutileza equivalente a lo que debe hacer un maestro rural, ateo y enamorado que sólo quiere casarse por lo civil con una doncella tradicional en pueblo cristero. Los más proclives a tomar en cuenta a la ciudadanía son los funcionarios ambiciosos inseguros y los ilustrados dubitativos. Los primeros son aquellos con anhelos y sin base propia de poder. Es el alcalde que quiere brincar a diputado local, el senador que sueña con la gubernatura y la turba de aspirantes a la presidencia de la República. Al depender más del voto y de la buena prensa piensan (con razón) que sus posibilidades mejoran si son sensibles a las peticiones de la ciudadanía.
Los ilustrados dubitativos serían aquellos activistas o académicos que saltan a la política. Ellos se han movido por principios y traen conocimientos especializados que los hacen poner distancia frente a la corrupción de la política mexicana. Al tener conciencia de la historia sí les importa cómo aparecerán en ella y escuchan y atienden, hasta donde pueden, los deseos de la sociedad. Jorge Carpizo y Mariclaire Acosta serían dos ejemplos de funcionarios quienes fueron, contribuyeron y regresaron.
El peor escenario es tener que negociar con los que viven instalados en el cinismo; a esos les importa muy poco la opinión de la ciudadanía. Algunos, como Ulises Ruiz y Fidel Herrera parecieran haber nacido ahí. Otros vivieron la metamorfosis de quienes fueron incapaces de resistir la seducción del presupuesto y el cargo. En el PAN unos casos paradigmáticos serían Vicente Fox y Juan Molinar Horcasitas, en la izquierda René Bejarano y "Juanito". Esta metamorfosis también la viven las instituciones. La última que dio ese paso fue la Suprema Corte con su exquisita interpretación de las leyes a la hora de decidir sobre la Guardería ABC. Se apegaran a su legalidad pero al ignorar el razonable reclamo de las víctimas confirmaron su insensibilidad y ceguera ante quienes deseamos un poco de justicia que en este caso era simbólica. El colapso ético de las instituciones es una pésima noticia porque nos deja indefensos y en ese hueco deslumbra la congruencia de Carlos Monsiváis, quien se convierte en paradigma de la moralidad frente a los asuntos públicos. Así es la vida en México. Los que deseamos refundar la democracia debemos entender que no basta con tener la razón. Nos la tienen que dar y para eso hay que relacionarse con quienes tienen jerarquía y poder de decisión. No es fácil para ellos o nosotros porque, después de todo, estamos construyendo una casa común sin saber bien a bien cómo hacerlo.
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