sábado, 13 de febrero de 2010

¿Y el programa?

Para la maestra Chela Tapia, por sus 60 años educando "bartolomitas". El rechazo tan amplio a las alianzas entre el PAN y el PRD se origina porque sus impulsores se olvidan de la historia y el método.
¿Han servido de algo las alianzas entre la izquierda y la derecha? Karla Garduño Morán publicó en la sección Enfoque de Reforma ("Alianzas sin proyecto", 7 de febrero de 2010) un amplio reportaje sobre las alianzas entre el PAN y las izquierdas y concluyó: "buscaron juntos 10 gubernaturas; ganaron tres, pero sus gobiernos fueron fallidos". La valoración difiere si se las evalúa con la perspectiva de la transición. La colaboración entre el PAN y las izquierdas tiene etapas. La primera va de 1986 a 1999. Nunca hubo un pacto formal, fue un entendimiento flexible para defender el voto, una causa que al trascender ideologías permitió la formación de un bloque democrático que combatió al autoritarismo encarnado en el PRI.
El éxito pudo medirse en reformas electorales y triunfos en municipios y estados. El ambiente era tan propicio que negociaron, en el verano-otoño de 1999, una candidatura común a la Presidencia. Aunque el intento por emular la Concertación chilena fracasó por la pequeñez de personajes como Diego Fernández de Cevallos, el mago del oportunismo, Vicente Fox lo utilizó para legitimarse y justificar aquella petición del voto útil. Le funcionó. Según los cálculos de Alejandro Moreno, Fox recibió en el 2000 un millón 880 mil votos de la izquierda; por su parte, Ana Laura Magaloni y Alejandro Poiré estiman en 3 millones el caudal de sufragios (cifras calculadas con base en porcentajes citados en El votante mexicano, 2003). Si recordamos que Fox triunfó por 2 millones 412 mil votos, puede decirse que al entendimiento entre la izquierda y la derecha debemos la alternancia partidista.
La segunda etapa corresponde a la última década y se caracteriza porque las alianzas perdieron toda justificación ideológica y se tejieron de oportunismo y demagogia; lo único que ha importado es la obtención de presupuestos y posiciones de poder y el protagonismo, lógicamente, se lo lleva el candidato y la cuota. El programa ha sido inexistente, secundario o demagógico, se reduce a la invocación de frases sonoras pero inofensivas: "respetaremos los derechos de todos y todas", "aplastaremos como cucaracha a la inseguridad", "le arrancaremos las entrañas a la corrupción".
Las críticas que están recibiendo las alianzas de este año responden a la creciente diferenciación ideológica (ya no ruboriza asumirse de una u otra corriente) y de la poca claridad de quienes las proponen. El PAN y el PRD justifican su unidad pasajera en la urgencia de enfrentar los cacicazgos priistas, llevar la alternancia a algunos estados y posicionarse mejor para la elección de 2012. Sin embargo, las alianzas se empequeñecen y se hacen vulnerables porque ni César Nava ni Jesús Ortega dan información completa.
Tomemos como ejemplo Durango. Sabemos que han postulado a un tal José Rosas Aispuro Torres quien se fue a dormir con un pijama de franela tricolor y despertó vestido de arlequín: en su atuendo de terciopelo dominan el azul cielo, el amarillo y el negro, y como adorno van listones rojos y anaranjados. El candidato de cuatro partidos no pasa desapercibido, pero siguen sin decirnos cómo se van a repartir los cargos y cuál es el programa que van a implementar.
Y es que los partidos se han transformado en una gelatina sin consistencia. Veamos el ejemplo del PRD. Es digna de elogio su decisión de expulsar al diputado racista, Ariel Gómez Luna; pareciera que toman ¡finalmente! en serio su programa. Al mismo tiempo impulsan como su "gallo" para gobernador en la alianza para el estado de Quintana Roo a un tal Gregorio "Greg" Sánchez, presidente municipal de Cancún, que entre sus gracias tiene la de querer vender una porción del último pulmón de la ciudad (el ombligo verde), olvidándose, por supuesto, que la defensa del medio ambiente está en los documentos básicos del
PRD.
He leído o escuchado a colegas muy respetables dar un voto de confianza a Gabino Cué en Oaxaca y Xóchitl Gálvez en Hidalgo. Se trata de personajes con un buen historial en el servicio público y se antoja apoyarlos, pero falta precisión sobre los "qués" y los "cómos". Si la patria está amenazada por la violencia del crimen organizado, ¿qué medidas piensan tomar para combatirla?, ¿qué perfil profesional tendrá quien se encargue de dar seguridad a la ciudadanía?
Hace años bastaba con que el PAN y el PRD invocaran al "coco" -es decir al PRI- para detonar de manera automática el voto de confianza ciudadana. Los cheques en blanco se acabaron porque el "coco" está en todos los partidos. Si quieren aplausos y apoyo, presenten primero el programa y luego al candidato.

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